Ese Monasterio fué
fundado en el año 675 de nuestra era por un Apóstol
originario de Irlanda llamado Disibod. La leyenda dice
que el Apostol tuvo una visión y recibió el encargo de
construir un Monasterio en algún lugar de la
Tierra donde los prados fueran milagrosos e
hicieran crecer todo tipo de plantas medicinales que
ayudarían a curar las enfermedades de los hombres. El
Apóstol, acompañado por dos de sus discípulos, viajó
por toda Europa buscando infructuosamente las tierras
milagrosas que aparecían en su visión y cuando ya había
desistido de su intento, llegando a la confluencia de
los ríos Nahe y Glan, cayó de rodillas sobre esa parcela
de tierra empezando a rezar compulsivamente dando
gracias por haber encontrado las tierras milagrosas que
le habían sido profetizadas en sus visiones.
Cuenta la leyenda que
mientras estaba rezando arrodillado sobre los prados
empezó a crecer la hierba con el color verde más intenso
que nunca antes se había visto por aquellos parajes, e
inmediatamente y ayudado por sus discípulos, empezó a
construir el Monasterio que hasta hoy lleva su nombre.
El Arzobispo Willigis de Mainz (975-1011) cedió grandes
extensiones de terreno y promovió la construcción de un
Monasterio mucho más grande que el construído por el
Apóstol irlandés perteneciente entonces a la Orden
Agustina hasta el año 1.088 en que la Orden Benedictina
se hizo cargo de él.
Cuando los Condes de
Bermershein entregaron a su hija Hildegard a su pariente
la Abadesa Jutta Von Sponheim, la niña demostró
inmediatamente una inteligencia fuera de lo
común aprendiendo a leer y a escribir mucho antes que el
resto de sus compañeras de Claustro. También empezó a
interesarse por los libros sobre Astrología, Medicina
Natural y Astronomía que había en la magnífica
biblioteca del Convento, biblioteca que Hildegard nunca
dejó de visitar mientras empezaba a observar las
reacciones de los animales en su contacto con la
naturaleza y a tomar nota sobre qué tipo de plantas
comían para curarse unas u otras enfermedades. Ella
siempre pensó que si esas plantas ayudaban a sanar a los
animales también lo harían con los hombres y empezó a
investigar en todos los tratados sobre Medicina Natural
que tenía a su alcance. Hildegard basaba sus teorías en
algunos clásicos como Claudio Galeno ( Pérgamo, año
130-200 de nuestra era) teorías que aseguraban que la
enfermedad en el hombre era producida por un
desequilibrio entre los "humores" del ser humano y que
hay un nexo entre el hombre y el Cosmos que es
realmente de donde vienen todas las energías. Los
humores que emanan del cuerpo humano son provocados por
los diferentes vientos y la enfermedad tiene una
explicación física, pero también teológica, al menos
para ella.
La explicación física está
en que dependiendo de los vientos que azoten al hombre
pueden provocar desequilibros en los humores y por lo
tanto, cambios en los mismos. Cuando los humores a pesar
de los vientos están debidamente equilibrados, los
hombres no padecen ninguna enfermedad ni tienen ningún
tipo de sufrimiento y sólo cuando este equilibro se
rompe, los humores se descompensan y empiezan a tener
enfermedades y padecer sufrimientos. Para Claudio
Galeno el Cosmos, los humores y la psique se
interrelacionan, para Hildegard también aceptando las
teorías de Galeno sobre las enfermedades psicosomáticas
producidas por el desequilibro de los humores provocados
por alguno de los cuatro vientos que envuelven la tierra
y afectan al hombre y a todo ser vivo sobre ella.
Pero ella, al contrario que
Claudio Galeno, añade a todo ésto una explicación
teológica y escribe:
"despierta de cuerpo y mente en los misterios
celestes, lo vi con los ojos interiores de mi espíritu
y oí con los oídos interiores, y no en sueños ni en
éxtasis".
Después añade un párrafo
sacado de la Geórgidas de Virgilio que dice:
"A los cuatro sujetos del
quadrivium (las cuatro ciencias matemáticas: aritmética,
música, geometría y astronomía) añadimos Physica ó
Physiologia (Ciencias Naturales ó Física) considera e
investiga la causa de las cosas en sus efectos y sus
efectos en sus causas.
"¿De dónde vienen los
terremotos?,
¿qué fuerza perturba las
profundidades?.
Las virtudes de las hierbas
a las mentes y a la ira de las bestias,
y todo tipo de frutas, de
reptiles y piedras los aplacarán".
Pero Hildegard no tenía
suficiente con las explicaciones de los clásicos y
añadió en toda su obra su visión particular de todo lo
aprendido dando su punto de vista teológico:
"Todos los elementos estaban
interrelacionados con El y El con ellos (los humanos),
sólo cuando debido al pecado original el hombre tuvo que
abandonar el puesto privilegiado que tenía en el Cosmos
se rompió el equilibrio de la creación, entonces la
enfermedad y la muerte aparecieron en el mundo, pero
Dios prometió al pecador la redención y la salvación y
al enfermo la curación".
"Y así en todas las
criaturas vivas de la Tierra están ocultos los milagros
de Dios. Están en los animales, en las aves, en las
plantas, en las hierbas, en las flores, en los árboles,
todos son misterios ocultos por Dios que ningún ser
humano puede intuir si no es el mismo Dios quien se lo
revela."
Hildegard von Bingen
escribió un magnífico Tratado sobre las bondades de la
naturaleza que nos rodea titulándolo "Physica" o Libros
de la Medicina Simple que está dividido en nueve libros.
El primero y más extenso es el dedicado a doscientas
plantas titulado Las Plantas. El segundo libro es el
titulado los Elementos y se refiere a la Tierra,
al Agua, incluyendo los ríos alemanes, y al Aire. El
libro tercero es sobre los Arboles, el cuarto sobre las
Piedras, el quinto sobre los Peces, el sexto sobre los
Pájaros, el séptimo sobre los Animales en general, el
octavo sobre los Reptiles y el noveno y último de
su primer Tratado es sobre los Metales y el beneficio
que podemos sacar de todo ello para curar las
enfermedades de los hombres.
Poco tiempo después escribió
otro Tratado titulado "Causae et Curae" que consiste en
cinco secciones sobre el mismo tema que el Tratado
anterior. En él habla desde Cosmología y Cosmografía
hasta el lugar que ocupa la humanidad en el mundo. En el
segundo Tratado hace una lista de más de doscientas
enfermedades y predisposiciones físicas de los seres
humanos y por qué son proclives a ellas. Una de las
secciones del Tratado está dedicado al diagnóstico de la
enfermedad y a su cura usando preferentemente hierbas y
plantas medicinales haciendo un diagnóstico siempre de
acuerdo con la influencia en ese momento de las fases de
la luna, de los planetas (Lunaria) y del momento de la
concepción del enfermo.
Hildegard von Bingen fué muy
crítica con la Iglesia Católica de esos tiempos y ésa
fué la causa, entre otras, de que ningún Papa se
decidiera a abrir su proceso de Santificación, pero en
el año 1940 fué añadida al listado del Martirologio
Romano y empezaron a referirse a ella como Santa y
Profetisa.