Siguiendo con el libro
de Callisthenes y haciendo caso de la tradición y
las diferentes leyendas que circulaban sobre él,
todas coinciden al indicar que cuando Egipto
estaba siendo asediada por sus enemigos, Nectanebo ordenaba
no enviar a ni un solo soldado a repeler la
invasión, sino que se retiraba a su habitación
secreta, o santuario, llenaba un gran cuenco con
agua del Nilo y empezaba su ritual echando pedazos
de madera (con la que se construían los barcos),
pequeñas figuras de cera imitando a los soldados
invasores así como objetos cortantes y punzantes
que se supone eran las armas que utilizarían en el
asedio. Una vez mezclado todo en el agua, recitaba
sus salmos secretos con el único fin de hacerle
llegar a los dioses sus peticiones y al mismo
tiempo que con sus manos hundía una y otra vez en
el agua del cuenco las figuras de cera y los
pedazos de madera, cerca de las costas de Egipto
los barcos enemigos empezaban a naufragar y sólo
llegaban a las playas los pedazos de madera y
restos de los navíos tal y como él había hecho con
sus propias manos en su santuario.
Pero harto ya de
ayudar a su tío, el Faraón Theos, a repeler todos
los asedios, se marchó a Macedonia con el único
fin de conocer en persona a la esposa de Filipo II,
llamada Olimpia. Quedó tan prendado de su belleza
que no dudó ni un momento en preparar un filtro de
amor y dárselo a la Reina para que entrara en un
estado semi-somnoliento mientras él encendía sus
velas, modelaba una figura de mujer en cera y
escribiendo su nombre sobre ella invocaba a los
dioses para que le ayudaran a llevar a cabo una
misión muy especial y que era la de hacer soñar a
Olimpia que esa noche la visitaría el dios Ammón
en persona y pasaría toda la noche con ella cuando
en realidad era el mismo Nectanebo el que ocuparía
el lugar del dios en su lecho.
Nectanebo se convirtió
unos años después en Faraón debido a las intrigas
de su padre, hermano del Faraón Theos, en la Corte
y aprovechando un viaje de éste fuera de Egipto
traicionó a su propio hermano para colocar en su
lugar a su hijo Nectanebo II en el trono donde
reinaría solamente dieciocho años.
De acuerdo con las
leyendas Alejandro Magno sería probablemente de
origen faraónico aunque no podemos olvidarnos que
la historia la escribían los griegos y que como
siempre eran los vencedores lo más seguro es que
escribieran "su" historia independientemente de si
se ajustaba a la realidad o no. Tanto si la
historia del Faraón Mago es cierta como si no, el
destino hizo que una noche paseando junto a
Alejandro cuando éste contaba solamente doce años,
el niño insistió en que Nectanebo buscase cierta
estrella y estaba tan embebido mirando al cielo
que no se percató de que Alejandro le había
empujado al fondo de un pozo y murió unos días
después debido a las heridas en la cabeza que se
hizo en la caída. La leyenda nos dice que entonces
confesó su paternidad a Alejandro y que por éso
fué enterrado con todos los honores de Rey en
Macedonia y Alejandro sería considerado siempre el
último Faraón de la XXX Dinastia y enterrado en
Babilonia, no en Macedonia. La idea de que
Alejandro Magno fuera de origen faraónico fué muy
bien acogida en Alejandría y éso era razón
suficiente para que reclamara su derecho al trono
egipcio, no como un invasor más, si no como un
pretendiente legítimo al ser hijo del último
faraón.
Tampoco podemos
olvidar que la las prácticas religiosas de los
egipcios de entonces ahora pueden ser consideradas
como rituales de magia y prueba de ello está en un
papiro que se conserva en la Biblioteca Nacional
del París conocido como la "Crónica Demótica",
documento elaborado en los círculos intelectuales
y sacerdotales de la corte egipcia y que contiene
argumentos políticos y tácticas de guerra contra
los Persas, sus mayores enemigos en esos tiempos.
El papiro consiste en una serie de sentencias y
oráculos divididos en "tablas", seguido por
paráfrasis exegéticas y proféticas de cariz
político. Se ha perdido parte del papiro, pero en
otros documentos que han podido ser reconstruídos
puede leerse que "un profeta de la Corte
interpreta para el Faraón los veredictos de los
oscuros oráculos descritos en las tablas".
En el Museo Kestner de
Hannover, Alemania, podemos encontrar objetos del
antiguo Egipto de la dinastía XXX, monedas de
oro con diferentes signos pertenecientes al Faraón
Nectanebo II así como una momia de la que aún no
se sabe su indentidad a pesar de las numerosas
investigaciones y pruebas realizadas en ella.
Muchas historias y leyendas de la antigüedad eran
escritas y utilizadas después como "propaganda de
guerra" contra los enemigos de unos y otros
pueblos y en escribir la "historia" o hacerse eco
de las leyendas los griegos eran unos expertos.